Acesse o Portal  do Ministério da Saúde
Acesse o Portal do Governo Brasileiro
Sistema Nacional de Vigilancia Sanitaria
Fármacos Genéricos
Aviso a los Viajeros
Neumonia Atípica

Anvisa Divulga - Articulos

La Vigilancia Sanitaria y la Esfinge
Gonzalo Vecina Neto
Folha de São Paulo, Tendências /Debates - 2 de diciembre de 1998

Para la sociedad brasileña, vigilancia sanitaria es una esfinge involucrada en fraudes. Como figura mitológica, o ella es descifrada o devorará a su interlocutor. Si su función reguladora es bien ejecutada, redundará en una sociedad más civilizada.

La principal función de la vigilancia en un Estado moderno es controlar los riesgos resultantes de la producción, de la comercialización y del consumo de productos y servicios. Ella debe garantizar, por ejemplo, que una medicina pase por esas tres etapas, manteniendo el efecto prometido en el folleto instructivo y sin causar más males que aquellos descrito en las contra indicaciones. Vivir sin riesgos es un derecho del ciudadano moderno; eso es civilización. En países más desarrollados, ese concepto ha empezado a evolucionar para el concepto de beneficio - es decir, no sólo se debe eliminar el riesgo, sino también hay que buscar el beneficio. Pero ese es otro capítulo, ya que en Brasil no logramos, ni siquiera, comer palmitos sanos.

La vigilancia sanitaria, cuando regula el proceso dentro de una cadena de valor, además de controlar riesgos, colabora para crear un mercado mejor. El producto de un mercado bajo una acción eficaz de vigilancia sanitaria es más competitivo en el mundo globalizado. El control de las condiciones de producción por el Estado es fundamental para que Brasil sea un productor respetado y tenga mejores posibilidades de vender sus productos. Vale recordar que la vigilancia tiene ingerencia directa en cerca del 20% del PIB del país.

Pero es de lamentarse que mucho de lo que se ha dicho arriba sea una quimera. En Brasil, esa importante función del Estado Moderno (lo necesario, no lo mínimo de la "cartilla" liberal) hasta la fecha se ha quedado en el terreno de la fantasía, ya que las dificultades son enormes y conocidas.

El gerente de la Vigilancia Sanitaria Nacional ha permanecido, en promedio, sólo ocho meses en el cargo (¿qué empresa soportaría esa transición del poder?); los técnicos son contratados a título precario y sin perspectiva de carrera; y no hay sistema de información que permita que el órgano rastree empresas, productos o lo que ocurre con los consumidores.

Ejemplos: en 1997, tuvimos en el país ocho muertes oficialmente conocidas por toxiinfección alimentaria, mientras que en los EUA hubo cerca de 9.000 notificaciones de fallecimientos por esa causa. También en 1997, la vigilancia americana (la FDA) ordenó que la industria farmacéutica recogiera 3.625 remedios ("recall") . En Brasil, en el mismo periodo, no se determinó ninguno. ¿Nuestro mercado es un primor? Claro que no.

Si el diagnóstico es bastante conocido por todos, la solución también lo es. Tenemos que crear un órgano autónomo: una agencia de vigilancia sanitaria, subordinada políticamente al Ministerio de Salud y vinculada a éste por medio de un plan de trabajo que se ha de ejecutar de acuerdo con las políticas públicas (contrato de gestión), que haga que la farmacovigilancia conozca productores y productos y ejerza una fiscalización sistemática, entre otras atribuciones. Un órgano con estabilidad de cuadros gerenciales (no se modifica cuando cambia el gobierno; sólo cuando se muestra incompetente para ejecutar la política del Estado, cuyo guardián es el gobierno actual) con carrera solamente accesible mediante concurso, que tenga perspectiva de crecimiento y remunere adecuadamente.

Por cierto, dicha "remuneración adecuada" ha sido entendida por la burocracia estatal brasileña de manera equivocada. Para ella existen tres castas: los empleados públicos que controlan la moneda, los que controlan los tributos y el resto de los empleados públicos. Los primeros son los privilegiados en relación a los últimos. Y los últimos, como no manejan monedas sino alimentos y medicamentos, entre otros productos, quedan relegados a un plano inferior.

De acuerdo con quien propuso dicho modelo, éste es la negación del trato igualitario. Entiendo, al contrario, que él crea tres niveles de igualdad, en el que cada una de las castas intenta ser lo que la otra es. El Estado tiene que crear una solución para cada tipo de problema. Lo que quiero decir con esto es que la solución para el área de personal de la Vigilancia Sanitaria está incluida en el espacio de la sociedad en el que se encuentran los problemas de la industria, el comercio y el consumo de bienes y servicios.

Bien, si sabemos qué hacer ¿por qué no lo hacemos? Hace tres años, esa propuesta es resumida en el Ministerio de Sanidad. Siempre que intenta atravesar la Explanada (la Esplanada dos Ministérios es la avenida, en Brasilia, donde tienen su sede todos los Ministerios del País), es impedida por los "mismizadores", que vinculan la reforma administrativa a las reglas del trato funcional igualitario. Crear una solución vieja es peor que no hacer nada.

En este momento crítico de la vida de Brasil, en que podemos atrevernos a dar un único salto, teniendo un presidente con las condiciones singulares de estadista de Fernando Henrique Cardoso y un ministro con la disposición y el compromiso de José Serra, no podemos ser derrotados debido a una visión atrasada del papel del Estado en la sociedad.

Por ello, vuelvo a la esfinge. Si los sectores productivos controlados por la vigilancia y la propia sociedad que ha consumido medicamentos falsos y comido palmito podrido no quieren ser devorados, tienen que hacer oír su voz.

Gonzalo Vecina Neto
Director Presidente de ANVISA



 
Copyright 2003 - Anvisa
Oidoria Consejo Consultivo