Informaciones
Importantes sobre Fiebre Amarilla
> Consideraciones
generales
> Manifestaciones clínicas
> Diagnóstico laboratorial
> Medidas de Control
>>Vacunación
>>Notificación
> Consideraciones
generales
La fiebre amarilla es una enfermedad viral que ha causado, a lo
largo de la historia, grandes epidemias en África y en
las Américas. En las Américas ella es endémica
en nueve países de Sudamérica y en varias islas
del Caribe. Brasil, junto con Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador
y Perú son considerados los países donde hay más
riesgo de transmisión.
La enfermedad
puede ocurrir en contextos diferentes: el urbano y el silvestre.
La fiebre amarilla urbana es transmitida al hombre por la picada
del mosquito Aedes aegypti, infectado después de picar
otro ser humano. Esta forma de fiebre amarilla era un grave problema
en Brasil, pero gracias al trabajo y dedicación de científicos
como Oswaldo Cruz, fue erradicada y solamente ahora, casi cien
años después, vivimos la amenaza de su reintroducción
en nuestras ciudades.
Ya la fiebre
amarilla silvestre es transmitida por la picada de los mosquitos
Haemagogus, que se encuentran en los campos, bosques, selvas y
florestas y que fueron infectados después de picar un animal
silvestre, generalmente un mono. Por ser transmitida por mosquitos,
la fiebre amarilla es conocida como una arbovirosis (del inglés
Arthropod Bom Viruses). Es imposible eliminar la fiebre amarilla
silvestre, pues no tenemos control sobre el mosquito transmisor,
ni sobre sus huéspedes, los monos.
La fiebre
amarilla en seres humanos, sea la silvestre o la urbana, se puede
presentar con diferentes grados de gravedad: desde la infección
ligera y moderada hasta formas severas o fulminantes.
Aunque exista
una vacuna segura y efectiva, utilizada con éxito desde
hace más de 60 años, últimamente se ha observado
el aumento del número de personas infectadas, por lo que
la fiebre amarilla es actualmente un serio problema de salud pública.
> Manifestaciones
clínicas
Es una enfermedad
infecciosa aguda que puede presentar un cuadro clínico,
en su fase inicial, que es poco diferente de otras virosis, pero,
posteriormente, evoluciona a un cuadro clínico más
grave. La fiebre amarilla tiene un período de incubación,
de tres a seis días, sin síntomas aparentes y puede
presentarse bajo dos formas clínicas: ligera o inaparente
(representa el 90% de los casos) hasta la más grave, que
es fulminante.
En la fase
inicial de los síntomas, el cuadro clínico de la
fiebre amarilla se caracteriza por fiebre, escalofrío,
dolor de cabeza, dolores generalizados en el cuerpo, postración
general acompañada de nauseas y vómitos. Con estas
señales y síntomas, que duran entre 3 y 4 días,
pueden suceder dos situaciones: la evolución natural hacia
la cura y recuperación o, después de un periodo
de acalmia, la parición de la fase de mayor gravedad, que
lleva al paciente a presentar señales y síntomas
de colapso de sistemas y órganos vitales, principalmente
hígado y riñones.
Cuando el
hígado es afectado, el paciente presenta varias formas
de hemorragias por las encías, por la nariz, por los oídos,
por la boca, (vómitos - hematemesis y por el intestino
- melena). La piel se pone amarilla, lo que se llama de ictericia.
Cuando los riñones se ven comprometidos, el paciente presenta
disminución del volumen de la orina (oliguria) y hasta
su ausencia (anuria). Se observa también una señal
que constituye la característica de la enfermedad, pulso
lento, aún en la presencia de fiebre alta (pulso paroxístico).
Todo eso ocurre
en un período que dura alrededor de tres a cinco días,
en los que, si el paciente es bien asistido en una unidad hospitalaria,
podrá llegar a recuperarse. Lamentablemente, cerca del
15% de las formas graves de la fiebre amarilla podrán,
en 24 horas, entrar en la fase terminal y llevar a la muerte.
En la fiebre
amarilla, el diagnóstico precoz, o sea, hecho con rapidez
y precisión, y una asistencia médica de buena calidad,
pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Como se puede
confundir con otras enfermedades, el diagnóstico de la
fiebre amarilla depende de las informaciones prestadas por el
paciente y familiares, principalmente la información de
haber estado presente en un periodo anterior en regiones donde
existe el riesgo de transmisión de la enfermedad (información
epidemiológica). Enfermedades como la malaria, leptospirosis,
hepatitis fulminantes pueden confundirse con fiebre amarilla (diagnóstico
diferencial). Existen, además, otras fiebres hemorrágicas
de origen viral que también deben considerarse, una de
ellas es el propio dengue hemorrágico.
El diagnóstico de la fiebre amarilla necesita ser confirmado
por análisis de laboratorio para que medidas adecuadas
de protección a la salud colectiva puedan ser implementadas.
> Diagnóstico laboratorial
El diagnóstico se hace con una única muestra de
sangre, tomada a partir del sexto día de enfermedad. Ese
análisis (serología) va a permitir detectar la presencia
de anticuerpos contra el virus de fiebre amarilla recientes (Inmunoglobulina
M - IgM) y confirmar el diagnóstico de fiebre amarilla.
Este es un análisis bastante sensible y cuando se realiza
con muestras de sangre tomadas en la época correcta, es
muy importante para el resultado.
Otro análisis importante, en términos de salud pública,
es el aislamiento del virus. No se debe perder la oportunidad
de recoger sangre o un fragmento de hígado (en situación
de fallecimiento), en los primeros seis días de enfermedad,
para la realización de ese análisis. Es el aislamiento
del virus que nos permitirá la confirmación absoluta
del diagnóstico.
Otros análisis se pueden realizar, dependiendo de la situación,
lugar y época en que el caso haya sido notificado. Por
ejemplo: si las autoridades sanitarias son informadas de un caso
con sospecha de que sea fiebre amarilla después del deceso,
se puede realizar la necroscopia, que posibilitará la realización
del análisis histopatológico del tejido del hígado
y riñones. Ese examen permite realizar técnicas
que confirmarán el caso de fiebre amarilla, y podrá
establecer el diagnóstico diferencial con otras enfermedades
semejantes, ya mencionadas aquí.
Brasil es un país autosuficiente en el diagnóstico
de la fiebre amarilla, o sea, no depende de otros países
para realizar los análisis que la confirman. Contamos con
una red de laboratorios públicos, coordinados por el Centro
Nacional de Epidemiología de la Fundación Nacional
de Salud/CENEPI/FUNASA y participan en ella el Instituto Evandro
Chagas/Funasa/ PA , el Instituto Adolfo Lutz/SESA/SP y el Instituto
Oswaldo Cruz/FIOCRUZ/RJ que son considerados como laboratorios
de la más alta calificación, lo que significa que
están aptos para la realización de las técnicas
más avanzadas en la identificación del virus (establecimiento
de secuencia genética).
Esos laboratorios son reconocidos como Centros Colaboradores por
la Organización Mundial de la Salud/OMS y sirven de referencia
para laboratorios de todo el mundo. Los laboratorios de la red
pública están preparados para cubrir las necesidades
de la vigilancia epidemiológica y sanitaria de acuerdo
con su capacidad y distribución por área de alcance.
> Medidas de Control
>>Vacunación
La principal estrategia de control de la fiebre amarilla es la
vacunación. La vacuna es segura y ofrece una protección
contra la enfermedad de casi el 100%. La vacunación es
considerada obligatoria por la OMS para las personas que se dirigen
a áreas con riesgo de transmisión. De acuerdo con
la última publicación de la OMS, con fecha de enero
de 2000, 124 países exigen el certificado de vacunación
para viajeros que se desplazan o transitan por esos países.
El modelo
del certificado válido se puede visualizar.
En las áreas endémicas de fiebre amarilla, la vacuna
es aplicada en la rutina, en dosis única, a los nueve meses
de edad, con refuerzo de 10 años. En situaciones especiales
de intensa transmisión en áreas endémicas
(resolución 1/2000 del 24 de febrero), la vacunación
es recomendada a partir de los seis meses de edad.
La protección ofrecida por la vacuna, después de
la primera dosis (primovacunación) sólo ocurre después
de 7 a 10 días. Este período corresponde al tiempo
necesario para que ocurra la formación de los anticuerpos
protectores contra el virus de la fiebre amarilla.
La vacuna contra la fiebre amarilla está contraindicada
en personas que hayan presentado, a lo largo de la vida, reacciones
alérgicas al huevo de gallina (proteína del huevo),
en personas portadoras de inmunodeficiencia (congénita
o adquirida), principalmente personas infectadas por el virus
VIH (sintomáticos y asintomáticos). Está
también contraindicada en personas que hacen uso continuo
de medicamentos a base de corticosteroides, quimioterápicos,
transplantados, embarazadas y también en niños menores
de seis meses de edad.
Así como en otras vacunas, es posible que surjan reacciones
adversas ligeras y moderadas con la vacunación contra la
fiebre amarilla. Del 2 al 5% de las personas vacunadas presenta
un poco de dolor de cabeza, dolor muscular y fiebre baja en el
periodo de 5 a 10 días después de la vacunación.
Reacciones de hipersensibilidad inmediata, del tipo de comezón
y enrojecimiento en el cuerpo (urticaria y erupción) y
asma no son comunes, ocurriendo en menos de 1/1.000.000 de personas,
principalmente entre las que tienen historia de alergia al huevo
de gallina.
Ante la actual situación que el país está
atravesando, con la ocurrencia de casos de fiebre amarilla en
algunas áreas bien delimitadas y el alto índice
de infestación por el Aedes aegypti en muchos municipios
brasileños, el Programa Nacional de Inmunizaciones ha adoptado
intensificación de la vacunación en todo el territorio
nacional.
Además de la vacunación, otras medidas de control
del vector se han adoptado para controlar la presencia del Aedes
aegypti en las áreas urbanas del país. Entre las
medidas más importantes para la reducción del riesgo
de transmisión de la fiebre amarilla y del dengue destacamos
la participación popular en la reducción del número
de criaderos - recipientes desechables, jarras con plantas acuáticas,
depósitos de agua destapados, neumáticos viejos,
botellas - y la ejecución de políticas municipales
de colecta y destinación adecuada de residuos sólidos
(limpieza urbana).
Además,
se recomiendan medidas de control químico de los vectores
mediante el uso de insecticidas . El uso de vehículos de
fumigación en el ambiente urbano y periurbano ha sido una
de las principales actividades de campo de la FUNASA y que, poco
a poco, está siendo transferida para la responsabilidad
de los estados y municipios .
>>Notificación
La necesidad de una vigilancia epidemiológica atenta, rápida
y dinámica es muy importante para el control de la enfermedad
y protección de la colectividad.
Todas las personas no vacunadas, procedentes de un área
reconocidamente infectada, representan un riesgo de introducción
en un área donde haya infestación por el Aedes aegypti.
Por este motivo se exige el certificado de vacunación de
todos los viajeros que se desplazan hacia áreas endémicas
o se mueven de una ciudad a otra ciudad donde no existe la enfermedad
y exista el vector (Aedes aegypti).
La fiebre amarilla es una enfermedad de notificación internacional
de acuerdo con las normas y el reglamento de la OMS, y cualquier
caso bajo sospecha debe comunicarse inmediatamente a las autoridades
sanitarias federal, de los estados y de los municipios, por el
medio de comunicación más eficiente y disponible
en el momento - fax, telex, teléfono, e-mail u otros.
Mediante esta notificación, las autoridades sanitarias
deben realizar, en tiempo hábil, la investigación
epidemiológica de cada caso bajo sospecha para buscar su
confirmación y para accionar las medidas de protección
individual y colectiva.
La investigación epidemiológica impone rapidez para
detección del caso, atención precoz e inmediata
al paciente y adopción de las medidas de control. Un deceso
exige providencias inmediatas para esclarecer y confirmar el diagnóstico
mediante las técnicas laboratoriales específicas
disponibles.
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